Tenían suficiente combustible para llegar a Japón—pero ni de lejos suficiente para regresar.
La Incursión Doolittle: La Audaz Respuesta de Estados Unidos a Pearl Harbor
Dieciséis bombarderos, ochenta hombres y una misión sin retorno hacia el corazón de Japón
Ochenta aviadores estadounidenses despegaron desde un portaaviones para bombardear Tokio en 1942—sabiendo que no podrían volver.
La mañana del 18 de abril de 1942 amaneció gris y violenta sobre el Pacífico. El Teniente Coronel James Doolittle permanecía de pie en la cubierta bamboleante del USS Hornet, a 650 millas de Tokio—200 millas más lejos de lo planeado. Un barco patrulla japonés los había avistado. El elemento sorpresa se estaba evaporando.
'¡Pilotos del Ejército, a sus aviones!' La orden crepitó por los altavoces del portaaviones a las 0800 horas. Ningún bombardero estadounidense había despegado jamás desde la cubierta de un portaaviones. Ningún B-25 Mitchell había sido diseñado para semejante locura. Sin embargo, ahí estaban—dieciséis aeronaves, cada una despojada de cada gramo innecesario, sus torretas inferiores reemplazadas por palos de escoba pintados para engañar a los cazas enemigos.
El bombardero de Doolittle se lanzó primero hacia adelante, sus motores rugiendo contra el viento de frente. La cubierta se elevó con el oleaje. En el momento preciso, la aeronave se aferró al cielo con apenas cinco metros de cubierta de sobra. Los marineros que observaban estallaron en vítores. Uno por uno, los dieciséis bombarderos siguieron.
Durante las siguientes cuatro horas, volaron a ras de las olas—tan…
💡 Los Raiders reemplazaron sus torretas ventrales con palos de escoba pintados de negro para simular ametralladoras y engañar a los cazas japoneses—un engaño ideado por el propio Doolittle.