El hombre desnudo corriendo por las calles de Siracusa no estaba loco — acababa de resolver un misterio real que transformaría la ciencia para siempre.

Cuando Arquímedes Pesó la Corona de un Rey

El baño que desencadenó mil revoluciones científicas

Arquímedes descubrió el principio de flotabilidad en una bañera de Siracusa mientras resolvía el misterio de un rey sobre una corona fraudulenta.

El agua estaba tibia, casi demasiado caliente, mientras el matemático se sumergía en los baños públicos de Siracusa. El vapor se elevaba desde la superficie, llevando consigo el aroma del aceite de oliva y el murmullo de los mercaderes sicilianos discutiendo precios del grano. Arquímedes apenas lo notaba. Su mente daba vueltas a un problema imposible planteado por el mismísimo Rey Hierón II: demostrar si el orfebre real había cometido fraude con la corona.

El rey sospechaba una traición. Había proporcionado oro puro para una corona sagrada, pero los rumores sugerían que el artesano la había aleado secretamente con plata más barata, quedándose con la diferencia. Pero ¿cómo probar tal fraude sin fundir la corona misma? La pregunta había consumido a Arquímedes durante semanas.

Entonces, cuando su cuerpo desplazó el agua del baño y esta se derramó por el borde de la tina, algo extraordinario sucedió. La subida del agua correspondía precisamente al volumen de su cuerpo. En ese instante, la solución cristalizó: metales diferentes de igual peso desplazarían volúmenes distintos de agua debido a sus densidades variables.

Según el arquitecto romano Vitruvio, escribiendo dos siglos después…

💡 Experimentos modernos que intentan replicar la prueba de la corona de Arquímedes sugieren que la diferencia en el desplazamiento de agua habría sido casi imposible de medir con precisión usando herramientas antiguas — lo que lleva a algunos historiadores a creer que en realidad utilizó un método más sofisticado con balanza de brazos.