Al mediodía del solsticio de verano, mientras los sacerdotes se maravillaban ante un pozo sin sombras en el sur de Egipto, un bibliotecario a 800 kilómetros al norte estaba a punto de medir el planeta entero.
El día en que la sombra de Arquímedes midió la Tierra
Cómo un olvidado discípulo del polímata griego usó un pozo, un palo y geometría para calcular la circunferencia de nuestro planeta
Un bibliotecario griego midió la circunferencia de la Tierra usando solo un palo, un pozo y geometría—y acertó en un 98%.
El sol ascendía hacia su cénit sobre la ciudad egipcia de Siena, y Eratóstenes de Cirene—director de la Gran Biblioteca de Alejandría—estaba pensando en las sombras. O más bien, en su ausencia.
Era el solsticio de verano, y él sabía que en ese preciso momento, a 800 kilómetros al sur, algo extraordinario estaba ocurriendo: el sol colgaba directamente sobre sus cabezas, sus rayos hundiéndose en línea recta dentro de un pozo profundo sin proyectar una sola sombra en sus paredes. Los sacerdotes locales habían notado este fenómeno desde hacía mucho tiempo, considerándolo una peculiaridad geográfica, quizás una bendición del mismo Ra.
Pero Eratóstenes vio algo completamente distinto—un experimento esperando ser realizado.
De vuelta en Alejandría, clavó un gnomon, un simple palo vertical, en el suelo y observó. En el momento exacto en que el pozo de Siena tragaba el sol por completo, su palo proyectaba una sombra medible. ¿El ángulo? Aproximadamente 7,2 grados—una cincuentava parte de un círculo completo.
💡 Los colegas de Eratóstenes lo apodaron 'Beta' (segunda letra del alfabeto griego) porque se le consideraba el segundo mejor en múltiples campos—sin embargo, su trabajo 'de segunda categoría' sobre la medición de la Tierra permaneció insuperado durante más de 1.500 años.