El hombre más poderoso de Asia ya no podía levantar una copa de vino, pero aun así exigió una última cacería en el paraíso.

El Último Amanecer del Emperador: La Postrera Cacería de Jahangir en Cachemira

Un moribundo soberano mogol persigue la inmortalidad en el valle del paraíso

El emperador mogol Jahangir pasó sus últimas semanas de lucidez cazando en Cachemira, demasiado débil para tensar un arco pero aún persiguiendo el paraíso.

La niebla matutina se aferraba a los Jardines de Shalimar como un sudario mientras los sirvientes cargaban el palanquín que portaba a Nur-ud-din Muhammad Salim—Jahangir, el Conquistador del Mundo—hacia los cotos de caza una última vez. Era el 30 de abril de 1627, y el emperador mogol apenas podía levantar su copa de vino, pero aun así exigía perseguir a los ciervos markhor que saltaban por las praderas alpinas de Cachemira.

Sus médicos le habían suplicado que no viajara. El trayecto desde Lahore casi lo había matado dos veces—su cuerpo devastado por el asma y décadas de adicción al opio que él mismo había documentado con una honestidad asombrosa en sus memorias, el Tuzuk-i-Jahangiri. "He reducido la dosis", había escrito años antes, "pero no puedo abstenerme por completo". Ahora ese veneno corría por venas que ya no podían sostener al hombre que una vez había comandado un imperio de 150 millones de almas.

¿Qué lo impulsaba hacia Cachemira? Los cronistas de la corte sugieren que era más que el amor por la caza. Jahangir creía que el valle poseía una magia restauradora. Lo había visitado por primera vez en 1620 y lo declaró "un jardín de eterna primavera". Su amada emperatriz Nur J…

💡 Jahangir fue uno de los primeros memorialistas reales de la historia en documentar abiertamente su adicción a las drogas, registrando su consumo diario de opio y alcohol con precisión científica en su diario personal.