Las contraventanas de Longwood House traqueteaban contra el viento del Atlántico Sur mientras Napoleón Bonaparte yacía moribundo.

El Último Aliento del Emperador: Napoleón Muere en el Exilio

En una isla azotada por el viento, un hombre que una vez tuvo a Europa en su puño susurró sus últimas palabras

Napoleón Bonaparte murió en el exilio en Santa Elena, susurrando sobre Francia, su ejército y su amor perdido, Joséphine.

Las contraventanas de Longwood House traqueteaban contra el viento del Atlántico Sur mientras Napoleón Bonaparte yacía moribundo. Era el 5 de mayo de 1821, y el hombre que se había coronado Emperador, que había marchado con ejércitos desde Moscú hasta Madrid, estaba reducido a una figura consumida sobre una estrecha cama de campaña, su cuerpo devastado por lo que sus médicos creían que era cáncer de estómago.

La habitación olía a vinagre y decadencia. Su ayuda de cámara, Louis Marchand, se inclinó mientras los labios de Napoleón se movían. 'France... l'armée... tête d'armée... Joséphine...' Las palabras llegaban en fragmentos—Francia, el ejército, a la cabeza del ejército, y finalmente, el nombre de su primera esposa, muerta hacía ya siete años. A las 5:49 de la tarde, mientras una violenta tormenta azotaba la isla de Santa Elena, Napoleón exhaló su último aliento.

Había sido prisionero en esta roca volcánica durante casi seis años, vigilado constantemente por guardias británicos que temían, incluso en el exilio, su capacidad para trastornar el mundo nuevamente. El gobernador de la isla, Sir Hudson Lowe, había hecho deliberadamente miserable el confinamiento de Napoleón—restringi…

💡 Napoleón solicitó que su corazón fuera enviado a Marie Louise en Austria, pero los británicos se negaron—permanece sellado en su ataúd en Les Invalides hasta el día de hoy.