El humo se elevaba del cráter del Etna como el aliento de un dios dormido, y en algún lugar de aquella abrasada ladera siciliana, un hombre con sandalias de bronce realizaba su ascenso final.
El día en que Empédocles saltó al volcán
Cómo un filósofo griego buscó la inmortalidad en los fuegos del Monte Etna
El filósofo griego Empédocles supuestamente saltó al Monte Etna para demostrar su divinidad, pero el volcán escupió de vuelta su sandalia.
El humo se elevaba del cráter del Etna como el aliento de un dios dormido, y en algún lugar de aquella abrasada ladera siciliana, un hombre con sandalias de bronce realizaba su ascenso final.
Empédocles de Acragas no era un filósofo común. Para la primavera del 430 a.C., ya había transformado la manera en que los griegos comprendían el universo. Donde otros veían caos, él percibía cuatro raíces eternas—tierra, agua, aire y fuego—unidas y desgarradas por las fuerzas cósmicas que denominó Amor y Discordia. Había explicado los mecanismos de la respiración, teorizado que la luz viajaba a una velocidad finita, y propuesto que las criaturas vivientes evolucionaban mediante un proceso de selección natural dos milenios antes que Darwin.
Pero Empédocles era también un showman, un místico que vestía túnicas púrpuras y portaba una corona dorada, que afirmaba haber vivido vidas anteriores como arbusto, como pájaro, y como pez nadando en el mar silencioso. Sus seguidores en las colonias griegas de Sicilia susurraban que había resucitado a una mujer de entre los muertos, que podía controlar los vientos mismos.
Ahora, con aproximadamente sesenta años, enfrentaba su actuación final.
💡 Empédocles propuso una teoría rudimentaria de la selección natural 2.300 años antes que Darwin, sugiriendo que partes corporales formadas al azar se combinaban, sobreviviendo para reproducirse solo las combinaciones viables.