La mente más brillante del Renacimiento yacía moribunda en un château francés prestado, su última obra maestra inconclusa, sus secretos dispersos en siete mil páginas de escritura especular.
La Muerte de un Genio del Renacimiento: El Último Aliento de Leonardo da Vinci
En los Brazos de un Rey, el Maestro de Todas las Cosas Se Deslizó Hacia la Eternidad
Leonardo da Vinci murió en Francia el 19 de mayo de 1519, dejando tras de sí misterios que aún nos persiguen hoy.
La lluvia primaveral había suavizado los jardines de Amboise, y a través de las estrechas ventanas del Château du Clos Lucé, el aroma de tierra húmeda se mezclaba con el penetrante olor del aceite de linaza y los pigmentos. Adentro, en una alcoba abarrotada de bocetos anatómicos y máquinas a medio terminar, Leonardo da Vinci yacía moribundo.
Era el 19 de mayo de 1519. El florentino de sesenta y siete años había cruzado los Alpes tres años antes, llevando consigo tres pinturas que se negaba a vender—incluyendo el enigmático retrato de la esposa de un comerciante florentino que un día sería llamado la Mona Lisa. El rey Francisco I de Francia lo había recibido como 'Primer Pintor, Ingeniero y Arquitecto del Rey,' otorgándole una generosa pensión y esta casa señorial conectada al château real por un pasaje subterráneo.
Ahora, mientras la respiración de Leonardo se volvía más tenue, el joven rey corrió a su lecho. Giorgio Vasari, escribiendo décadas después, inmortalizaría la escena: el maestro moribundo acunado en brazos reales, confesando sus pecados, lamentando haber 'ofendido a Dios y a la humanidad por no haber trabajado en su arte como debería haberlo hecho.' Si Francisco verdad…
💡 Leonardo dejó a su sirviente Battista de Vilanis un viñedo en Milán que todavía existe hoy—el ADN de las vides sobrevivientes fue usado en 2015 para confirmar su autenticidad.