El acorazado más poderoso jamás construido huía por su vida, y sesenta buques de guerra británicos se acercaban para dar el golpe de gracia.

El Hundimiento del Bismarck: Cuando la Flota Británica Cazó a un Leviatán Nazi

Las horas finales del acorazado más poderoso de Hitler

Gran Bretaña movilizó 60 buques de guerra para cazar al acorazado más letal de Hitler en una desesperada persecución de 2.700 kilómetros a través del Atlántico.

El Atlántico Norte se agitaba gris e implacable en la mañana del 21 de mayo de 1941, mientras el acorazado más poderoso del mundo se deslizaba entre la niebla del Estrecho de Dinamarca. El Bismarck, 251 metros de ingeniería alemana y orgullo nazi, se abría paso hacia mar abierto para destrozar los convoyes aliados. En Londres, un frío pavor se extendía por las salas de guerra del Almirantazgo.

Tres días antes, el reconocimiento aéreo había detectado al coloso abandonando el Báltico. Así comenzó la mayor persecución naval de la historia — más de 60 buques de la Royal Navy convergiendo sobre un único objetivo. Lo que estaba en juego era existencial: si el Bismarck alcanzaba las rutas de convoyes del Atlántico, la línea vital de Gran Bretaña con América podría ser cortada.

El 24 de mayo, el HMS Hood — el orgullo de la Royal Navy durante dos décadas — interceptó al escuadrón alemán. El enfrentamiento duró ocho minutos. Un proyectil del Bismarck penetró la cubierta del Hood y detonó sus santabárbaras. El gran crucero de batalla se partió en dos y se hundió en tres minutos, llevándose consigo a 1.415 hombres. Solo tres sobrevivieron. Gran Bretaña se tambaleó de horror; Churchill ordenó…

💡 El piloto del Catalina que relocalizó al Bismarck era el Alférez estadounidense Leonard Smith — técnicamente un observador neutral — convirtiendo a Estados Unidos en un participante secreto de la batalla meses antes de entrar oficialmente en la guerra.