En una pequeña habitación de París, con su nombre en cada orden de muerte de la ciudad, el Marqués de Condorcet tomó su pluma y comenzó a escribir sobre la perfección humana.

El Filósofo que Eligió la Guillotina: La Última Huida de Condorcet

Cuando la Revolución Devoró a Su Propio Profeta del Progreso

Un filósofo escondido de la guillotina escribió el manifiesto más optimista de la humanidad mientras el Terror rugía afuera.

El golpe en la puerta llegó antes del amanecer del 28 de marzo de 1794. Marie-Jean-Antoine-Nicolas de Caritat, Marqués de Condorcet, llevaba ocho meses escondido en una estrecha habitación de la Rue Servandoni en París, protegido por Madame Vernet, una viuda que nunca lo había conocido antes de ofrecerle refugio. Ahora, con órdenes de arresto con su nombre pegadas por toda la ciudad, sabía que su presencia ponía en peligro a todos los que lo cobijaban.

Condorcet había sido en su momento la mente más brillante de la Revolución—un matemático que había calculado sistemas de votación, un abolicionista que había defendido los derechos de las mujeres décadas antes de que estuviera de moda, y el autor del optimista 'Bosquejo de un Cuadro Histórico de los Progresos del Espíritu Humano'. Había redactado la constitución girondina, creyendo que la razón podía reconstruir la sociedad. Pero el Terror no tenía paciencia para la moderación.

El 14 de junio de 1793, la Convención había emitido la orden que finalmente lo condenaría. El cargo: conspiración contra la República. Su crimen: oponerse a la ejecución del Rey Luis XVI por motivos de procedimiento y criticar la constitución jacobina. Para…

💡 Condorcet fue delatado por pedir una tortilla de doce huevos—una porción aristocrática que ningún hombre común solicitaría, marcándolo instantáneamente como un noble disfrazado.